Trozos de concreto, llantas, bloques de cemento, utensilios plásticos, costales de arena y hasta restos de obra seca están siendo extraídos del sistema de alcantarillado de Santa Marta. No es una exageración ni una rareza: es el pan de cada día para los equipos operativos de la ESSMAR, que siguen encontrando estas «sorpresas» en las redes durante labores de mantenimiento.

Las imágenes hablan por sí solas. En una, un operario saca una llanta entera de un manjol como si se tratara de un vertedero improvisado. En otra, una montaña de residuos sólidos —icopor, ladrillos, botellas plásticas, pañales, utensilios domésticos— se apila en plena calle, justo al lado de donde debieron ser extraídos. Y una tercera escena muestra a dos trabajadores jalando una maraña de trapos y cables que obstruía por completo el paso del agua residual.

Lo grave no es solo el hallazgo, sino sus consecuencias. De acuerdo con la empresa, el 90% de los rebosamientos que se presentan en la ciudad se deben a residuos sólidos que fueron arrojados irresponsablemente al sistema de alcantarillado. Esto causa obstrucciones, colapsa estaciones de bombeo, acelera el deterioro de la infraestructura y afecta directamente la calidad del servicio de saneamiento básico que reciben miles de samarios.

Durante recientes intervenciones en sectores como Bastidas, Portal del Edén en Gaira, Bellavista y Prado, se repitió el mismo patrón: materiales de construcción arrojados sin control, como si las alcantarillas fueran el sitio ideal para desechar los escombros de una obra. La empresa advierte que no se trata solo de desinformación o descuido, sino que en muchos casos también hay manos criminales que sabotean el sistema.

Además del daño técnico, este comportamiento incide directamente en la salud pública, al provocar reboses constantes que terminan en las calles o viviendas, especialmente durante temporadas de lluvia.

La empresa hace un llamado urgente a la ciudadanía para que entienda que el sistema de alcantarillado está diseñado únicamente para el tránsito de aguas residuales. Todo lo demás —basura, desechos sólidos, restos de obra— no solo no pertenece allí, sino que pone en riesgo la infraestructura y la salud colectiva. 

Aunque hace falta una verdadera inversión de recursos para el mejoramiento de las redes de alcantarillado de Santa Marta, la solución no es solo técnica, es también cultural.

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