El 21 de mayo de 1851, es decir, hace 175 años, se abolió la esclavitud en Colombia. En el papel, no debería haber personas explotadas ni sometidas a trabajos humillantes y denigrantes. Sin embargo, en pleno 2026, en internet abundan cientos de “ofertas de empleo” dirigidas a bachilleres, técnicos y tecnólogos, que prometen sueldos de dos millones de pesos mensuales a costa de entregar la integridad, el tiempo y la salud.

Para cualquier persona sin experiencia y con el deseo de ayudar a su familia, la posibilidad de tener un empleo es una bendición. Pero la desesperación y la falta de oportunidades nublan el juicio y aceleran la toma de decisiones que, en muchos casos, terminan siendo perjudiciales.

Una de las ofertas encontradas en la web decía: “Buscamos personas apasionadas que quieran transformar cada interacción en una oportunidad de marcar la diferencia”. Detrás de esa frase motivacional se resume la actividad que se realiza en los centros de atención, mejor conocidos como call centers. Lo “bueno” es que ofrecen un contrato a término indefinido; lo malo es que los candidatos deben tener disponibilidad de “6:00 a.m. a 12:00 de la medianoche, de domingo a domingo, con cobertura de ruta y un día de descanso a la semana”.

Algunas de las ofertas de empleo encontradas en la web.

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) informó que, para noviembre de 2025, la tasa de desocupación laboral en Colombia se ubicó en 7 %, una reducción de 1,2 puntos porcentuales y uno de los niveles más bajos desde 2001. Son cifras con las que el Gobierno Nacional saca pecho, pero cabe preguntarse: ¿a qué costo?

Un reportaje de la revista Vorágine hizo una radiografía de la precaria situación que enfrentan cientos de personas que trabajan en call centers en Bogotá. Allí se evidencia que las pausas y descansos están estrictamente cronometrados: por ejemplo, pausas de 17 minutos que deben incluirlo todo —ir al baño, comer, despejarse—. Si se exceden, ese tiempo no se paga y, en algunos casos, se abren procesos disciplinarios que pueden terminar en despido.

A estas condiciones se suman las afectaciones a la salud física y mental de los trabajadores: episodios de ansiedad, estrés, cefaleas persistentes y otros problemas derivados de la presión constante y del ritmo de trabajo. También están las desmotivaciones causadas por comisiones prometidas que, bajo múltiples excusas, no siempre se pagan.

Ante este panorama, resulta inevitable preguntarse por qué el Ministerio del Trabajo, o en su defecto la Defensoría del Pueblo, no actúan de oficio frente a este tipo de prácticas, cuando estas ofertas laborales abundan en portales de búsqueda de empleo como Computrabajo, elempleo.com o Jobrapido.com.

¿A qué hora un trabajador de un centro de atención tiene vida personal? ¿Cuándo va al cine, a la playa, o simplemente se sienta a escuchar música o leer un libro? En estos tiempos modernos hemos normalizado la precariedad laboral como si fuera el precio inevitable de la falta de oportunidades en el territorio.

Al final, si uno de esos tantos explotados renuncia, se enferma o muere, “no pasa nada”. Hay 300 más esperando en la fila una oportunidad para ponerse unos grilletes y sentarse enfrente de un computador, atendiendo llamadas o resolviéndole los problemas a otros usuarios, como tú o como yo.

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