*La Agencia Nacional de Tierras le devolvió a las comunidades el terreno que conecta al mar Caribe con la Sierra Nevada de Santa Marta.

Durante décadas, el predio La Cecilia, ubicado en el corregimiento de Guachaca, en zona rural de Santa Marta, fue un territorio marcado por la violencia paramilitar y las actividades ilegales, pero hoy ese lugar empieza a escribir una historia distinta, luego de que la Agencia Nacional de Tierras recuperara el predio y lo entregara al pueblo indígena Kogui, devolviendo este espacio ancestral a las comunidades que históricamente han protegido la Sierra Nevada de Santa Marta.

La Cecilia, con más de 140 hectáreas, volverá a ser habitada por 20 familias indígenas que durante años vieron amenazada su permanencia en el territorio, un espacio que para las comunidades no solo representa tierra, sino también agua, sitios sagrados, memoria espiritual y uno de los corredores ambientales más importantes del Caribe colombiano.

El predio tiene una ubicación estratégica entre la Sierra Nevada y el mar Caribe, por lo que fue convertido por grupos paramilitares como un corredor para el tráfico de droga hacia la costa y su posterior envío al extranjero.

“Donde antes hubo miedo, violencia y despojo, hoy florece la esperanza de los pueblos indígenas y la recuperación de la tierra para la vida”, expresó Damián Marañón Romero, coordinador de la Agencia Nacional de Tierras en el Magdalena, durante el acto de entrega del predio.

Para las comunidades Kogui, regresar a La Cecilia significa mucho más que recuperar un espacio físico, “es volver al origen, al agua y a los sitios sagrados que sostienen nuestra identidad y memoria espiritual”, afirmó Atanasio Moscote Gil, gobernador del pueblo Kogui del Magdalena, quien aseguró que este proceso representa una reivindicación histórica para las familias indígenas que habitan la Sierra Nevada.

La entrega de La Cecilia se convierte en un símbolo de reparación territorial en una región profundamente golpeada por el conflicto armado, un lugar que durante años estuvo asociado al control ilegal y al miedo, hoy vuelve a manos de quienes han sido guardianes ancestrales de la Sierra Nevada, fortaleciendo la permanencia cultural, espiritual y ambiental de las comunidades indígenas en uno de los territorios más sagrados del país.

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